𝓛𝓪𝓼 𝓕𝓵𝓸𝓻𝓮𝓼 𝓭𝓮𝓵 𝓙𝓪𝓻𝓭𝓲𝓷𝓮𝓻𝓸

Caminó el jardinero en sus dominios; lirios y hortensias acompañando su paso, la luz del sol que iluminaba la gran vegetación, un río que corría en medio del campo y que hacía lucir las flores a su rededor.
Con el sombrero puesto y los tirantes bien ajustados, el jardinero iba en busca de aquella flor que necesitara de su ayuda; no tardó mucho en encontrarla, notó la tristeza de la rosa.
Se acercó a ella con delicadeza y le dijo: -No estarás más en ese estado pequeña rosa.
El viento la había doblado, se acostumbró a la posición incómoda; temporales pasaron y no podía incorporarse hasta que llegó el que conocía su pesar.
-Llevas tiempo sin dar un bonito pétalo, pero no es de alarmarse, primero tienes que regresar a tu posición natural y aquí estoy yo para ayudarte.
𝑹𝒆𝒔𝒕𝒊𝒕𝒖𝒊𝒓 su posición era lo vital para la rosa; un proceso nada agradable, ni sencillo, pero sería lo mejor para ella.

Caminó el jardinero en sus dominios y notó al girasol, este no tenía más fuerza para seguir su camino diario hacia la luz del sol.
La tierra, ya de años, había entregado todos sus nutrientes y no había más de dónde tomar.
El jardinero se agachó para tocar la tierra y habló al girasol: -Es necesario cambiar la tierra vieja por una más nutrida, que dé solidez a tus raíces. No te acongojes más. Aquí estoy yo para ayudarte.
𝑹𝒆𝒏𝒐𝒗𝒂𝒓 la tierra era lo vital para que el girasol siguiera la luz del sol.

Caminó el jardinero en sus dominios y notó cerrados los pétalos de la hermosa orquídea; ella muy preciada entre las flores del jardín.
Observó preocupado y a la luz, vio rota la base del tallo y dijo:
-Tienes una herida profunda, no te aflijas mas hermosa orquídea, tu estimación entre todas las demás pronto recuperarás. Aquí estoy yo para ayudarte.
𝑹𝒆𝒔𝒕𝒂𝒖𝒓𝒂𝒓 el tallo era lo vital para la orquídea, sus pétalos pronto abrirán.

Caminó el jardinero por sus dominios, vio al horizonte y se sintió satisfecho por el trabajo, levantó sus manos y alabó al Creador por el proceso de cada flor.

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