Estructuras únicas que vuelven especial a un organismo celular, secuencia de células que llevan implícitas funciones matemáticas excepcionales y que al momento que fueron estudiadas, descubrieron la singularidad que se bifurca en cada una de ellas.
Formas que se repiten pero que nunca son iguales, tan extraordinarias como la vida misma pero tan comunes en nuestro entorno que pasan desapercibidas. Estas recibieron el nombre de fractales; recuerdo que alguna vez durante mi tiempo de universidad me encargaron una tarea de crear un simulador de fractales y me gustó mucho ese proyecto, precisamente por la forma tan cambiante de la secuencia algebraica, las formas y colores que se reflejaba en la pantalla, se creaba algo armonioso y a su vez singular e inesperado.
Orden y estructura donde la mayoría ve caos, líneas ramificadas que a simple vista podrían catalogarse como un problema que trunca la armonía, pero la unidad no se ha roto.
Caos es a lo que llamamos comúnmente cuando el ideal del orden es quebrantado, cuando no cuadra con nuestra expectativa y se sale del guion preestablecido en nuestra mente, y entonces, vemos en nuestra vida un desorden sin sentido, pero… si lo vemos desde la perspectiva de Dios, descubrimos el orden y estructura a Su forma peculiar, singular y especial para Su propósito; tal vez no lo parece a nuestros ojos, porque idealizamos una línea recta, pero cada problema, cada caída, cada situación complicada, cada altibajo, cada ramificación de nuestra fractal llamada vida, está construyendo algo hermoso a los ojos de Dios.
Las nubes, las ramas de los arboles, los ríos, los copos de nieve, el universo mismo comparte esa llamada autosimilitud conformada por fractales a nivel microscópico, sean ramificaciones grandes o ramificaciones pequeñas, sea en los pulmones o venas del cuerpo humano, ahí se ve la huella de Dios en su creación, con un esplendor inesperado y nuestra vida misma no es la excepción, no tan solo en lo físico, sino también en la mente y el espíritu.
Conocer el principio y el final de nuestra línea de vida nos hará confiar en la voluntad de Dios, en que Él nos sostiene en cada ramificación -por extraña que nos parezca- de nuestra vida. El principio es comenzar una vida en Él entregándonos por completo y continuar año con año, esto nos hará llegar al final, que es la vida eterna con Él.
Encontremos la belleza en medio de lo que parece caos, encontremos propósito y sentido en todo lo que vivimos, sea bueno o malo, mantengamos nuestras acciones siempre en Su voluntad y que la huella de Dios sea visible en nuestra vida.
“Dichosos todos los que temen al Señor, los que van por sus caminos.”
Salmo 128:1
Autor de La Pluma Ligera en donde El Libro (La Biblia), El Viento (El Espíritu Santo) y la pluma, dan sentido a este proyecto.
Soy Hijo de Dios, esposo, padre y pastor por llamado y convicción.






